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Hoy cascada. Intento multiplicar el sol con azul. Con rosa. Con mis movimientos de agua. Intento calentar, soñando torres de alta tensión, la sonrisa: ya baila, baila, baila sobre un charco de electricidad.

Quiero exiliar el frío, que se desliza como una ola de papel sobre la piel, siempre cantando: -el norte, el norte, el norte…- Y por el norte pierdo la respiración.

Lanzo ¿Qué voz?
la voz. LA voz
Esta voz. Zarandeándose se multiplica con los truenos, se hunde en metal hasta marearme.

Sin control cascada calle abajo. Abajo, soñando en manzanas y calles. La piel hacia el cielo vive la velocidad de mirar. Con los ojos cerrados los hilos de plata se rebelan implorando brazos abiertos.

Se repite la lluvia en el cristal.

Veo las dos partes pero no puedo unirlas. Pienso y elaboro. Llevo a cabo un plan tras otro pero la distancia cría y amamanta más distancias. Enseña los dientes si te acercas y eriza su transparencia pegajosa e infinita como un chicle de viento.

Intento masticarla.

Siento sueño.

Muchas cosas en las que pensar y ninguna se acerca. Las miro desde lejos como un perro tras una cerca, ladrando, enseñando los dientes. Me temen. Tienen miedo de que les destroce, que juegue con sus miembros mutilados, machacados entre mis neuronas. Así que cambian de acera.

Se marchan alargando sus sombras sobre el asfalto y alargando mi agonía de no retenerlas. Sólo me queda tumbarme a esperar. Perseguir el aire, girar sobre mi misma. Hasta mañana.

Se está hundiendo la calma.
Atada a la piedra más pesada está recorriendo la verticalidad a una velocidad agotadora

Las cortinas se desploman como coletas de niña pija.
Con la vista caída y triste lloran
a una mosca muerta. Lo vivo pesa.
Lo muerto parece levitar siempre en verano.

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Desde mi perspectiva no se ve nada recto pero tampoco nada que merezca no estarlo. Es extraño (y difícil) entender ilógicamente las formas…

Siento que todo acaba sin haber tenido un comienzo.
La piel me huye del cuerpo.
Siento el aire en las mejillas.
Camino sola. Respirando noche me acerco
al sueño.
 
Sólo ha sido un pensamiento.
El cielo siempre está demasiado lejos.
La piel se me eriza y me quema el pelo con sus formas incontrolables.
El corazón se me acelera…
No, sólo ha sido un pensamiento.
No lo sé, solamente una vela
encendida en mis ojos,
solamente eso.
Sólo un nido en mi mente que ha caído
sobre mi cuerpo tendido.
 
Seguiré caminando como si no pasara nada.
No lo recordaré.
Lo convertiré para siempre en nada.

Caía sola. Recordaba los silencios pasados, muertos sobre sus zapatos de piel. Suspiraba y veía el frío danzar libre sobre su mano. Y corría. Corría. No sabía hacia donde. Aparecían sus miedos tras cada esquina extraña. Cuando parecía que la noche se iba bebiendo su alma, aparecía una mirada en el horizonte. Calles y calles que la abrazaban.

¿Por qué apartas el cepillo de dientes?

No mires arriba.

No pidas cuentas al cielo

porque cuelga de un hilo

de araña enfermiza.

Será mejor que lo pienses, sí.

No escribas en braille para rozar tus palabras.

Mírate en mi

y ahógate en mi reflejo.

no te asustes al ver el símil

y las ojeras.

Sólo tócate el cuello y alárgate

hasta el infinito.