Muchas cosas en las que pensar y ninguna se acerca. Las miro desde lejos como un perro tras una cerca, ladrando, enseñando los dientes. Me temen. Tienen miedo de que les destroce, que juegue con sus miembros mutilados, machacados entre mis neuronas. Así que cambian de acera.

Se marchan alargando sus sombras sobre el asfalto y alargando mi agonía de no retenerlas. Sólo me queda tumbarme a esperar. Perseguir el aire, girar sobre mi misma. Hasta mañana.

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