Caía sola. Recordaba los silencios pasados, muertos sobre sus zapatos de piel. Suspiraba y veía el frío danzar libre sobre su mano. Y corría. Corría. No sabía hacia donde. Aparecían sus miedos tras cada esquina extraña. Cuando parecía que la noche se iba bebiendo su alma, aparecía una mirada en el horizonte. Calles y calles que la abrazaban.

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